Los Kadampas

Ka se refiere a todas las enseñanzas de Buda; y dam, a las instrucciones del Lamrim Etapas del camino hacia la iluminación, conocidas también como Lamrim kadam que Atisha enseñó. Por lo tanto, kadam se refiere a la unión de las enseñanzas de Buda y las instrucciones de Atisha; y los practicantes sinceros del Lamrim kadam se conocen como kadampas. Hay dos tradiciones kadampas: la antigua y la nueva.

Los practicantes de la antigua tradición kadampa parecían insistir más en la práctica del sutra del Lamrim kadam que en la del tantra.

Posteriormente, Yhe Tsongkhapa y sus discípulos hicieron hincapié en practicar el Lamrim del sutra y el del tantra por igual. Esta nueva tradición fundada por Yhe Tsongkhapa se denomina nueva tradición kadampa. Los kadampas confían en Buda Shakyamuni con sinceridad porque él es la fuente del Lamrim kadam; también lo hacen en Avalokiteshvara, el Buda de la Compasión, y en el Protector de Sabiduría del Dharma, indicando que su práctica principal es la compasión y la sabiduría; y también confían con sinceridad en Arya Tara porque ella prometió a Atisha que cuidaría de manera especial de los practicantes kadampas futuros. Por esta razón, estos cuatro seres iluminados se denominan las cuatro Deidades Maestras kadampas.

El fundador de la tradición kadampa es el gran maestro budista y erudito Atisha. Atisha nació en el año novecientos ochenta y dos después de cristo como príncipe de un reino al este de la región de Bengala, en la India. Su padre se llamaba Kalyanashri (Virtud Gloriosa), y su madre, Prabhavarti Shrimati (Esplendor Glorioso). Era el segundo de tres hijos y al nacer se le dio el nombre de Chandragarbha (Esencia de Luna). El nombre de Atisha, que significa Paz, lo recibió del rey tibetano Yhangchub O porque siempre estaba tranquilo y apacible. De niño, en cierta ocasión, sus padres lo llevaron a visitar un templo.

A lo largo del camino se congregaron miles de personas para ver al príncipe. Entonces, Chandragarbha preguntó: ¿ Quiénes son todas estas personas?», y sus padres le respondieron que eran sus súbditos. Al oírlo, el príncipe sintió de manera espontánea una profunda compasión y rezó: Que todos ellos disfruten de tanta buena fortuna como yo. Y cada vez que se encontraba con una persona, generaba de manera natural el siguiente deseo: «Que esta persona disfrute de felicidad y se libere de su sufrimiento».

Desde niño, Chandragarbha tuvo muchas visiones de Tara, una Deidad femenina iluminada. En ocasiones, mientras reposaba en el regazo de su madre, se veían caer del cielo flores azules y el niño se ponía a hablar como si se dirigiera a ellas. Más tarde, la madre supo, gracias a unos meditadores tántricos, que las flores eran una señal de que Tara se le aparecía a su hijo y conversaba con él. Cuando el príncipe se hizo mayor, sus padres decidieron acordar su matrimonio, pero Tara le advirtió: «Si te aferras a tu reino, serás como un elefante hundido en el lodo que no puede levantarse debido a su enorme y pesado cuerpo. No tengas apego a esta vida, estudia y practica el Dharma. En muchas de tus vidas pasadas fuiste un Guía Espiritual y en esta también lo serás». Chandragarbha, inspirado al oír este consejo, despertó un profundo interés en estudiar y practicar el Dharma, y tomó la resolución de alcanzar todas las realizaciones de las enseñanzas de Buda. Sabía que para conseguir su meta tendría que encontrar a un Guía Espiritual cualificado. Al principio fue a visitar a un famoso maestro budista llamado Yhetari que vivía por los alrededores y le rogó que le impartiera enseñanzas sobre cómo liberarse del samsara.

Yhetari le dio instrucciones sobre la práctica de refugio y la bodhichita, y le dijo que si deseaba practicar con sinceridad, debía ir a Nalanda y aprender el Dharma con el Guía Espiritual Bodhibhadra. Cuando conoció a Bodhibhadra, el príncipe le dijo: «He comprendido que el samsara carece de sentido y que solo la liberación y la iluminación total poseen verdadero valor. Por favor, dame instrucciones que me conduzcan con rapidez al estado más allá del dolor, el nirvana». Bodhibhadra le impartió unas breves enseñanzas sobre cómo cultivar la mente de bodhichita y le aconsejó: «Si deseas practicar el Dharma de forma pura, debes visitar al Guía Espiritual Vidyakokila». Bodhibhadra sabía que Vidyakokila era un gran meditador que había alcanzado una realización perfecta de la vacuidad y que además poseía gran destreza en enseñar las etapas del camino de la profundidad. Vidyakokila transmitió a Chandragarbha las instrucciones completas de los caminos de la vastedad y de la profundidad, y después lo envió a estudiar bajo la tutela del Guía Espiritual Avadhutipa. Este maestro no instruyó al príncipe de inmediato, sino que le dijo que fuera a visitar a Rahulagupta para recibir enseñanzas sobre los Tantras de Hevajra y de Heruka, y que luego volviera para recibir instrucciones más detalladas acerca del tantra o mantra secreto. Rahulagupta dio a Chandragarbha el nombre secreto de Yhanavajra (Sabiduría Indestructible) y su primera iniciación, la de Hevajra. Después le aconsejó que regresara a su casa para obtener la aprobación de sus padres. Aunque el príncipe no se sentía atraído por la vida mundana, consideraba importante recibir el permiso de sus padres para poder practicar como deseaba. Por lo tanto, fue a visitarlos y les dijo:

«Si practico el Dharma con pureza, como Arya Tara predijo, podré corresponder a la bondad que tanto nosotros como los demás seres sintientes me han mostrado y de este modo no desperdiciaré mi vida. Sin embargo, si me quedo en este magnífico palacio, mi vida carecerá de sentido. Por favor, dadme vuestro consentimiento para abandonar el reino y dedicarme por completo a la práctica de Dharma».

El padre de Chandragarbha se entristeció al escuchar su ruego e intentó persuadirlo de abandonar su porvenir como futuro rey, pero su madre se alegró al oír que su hijo deseaba dedicar su vida a practicar el Dharma. Recordó las maravillosas señales que aparecieron durante su nacimiento, como los arcoíris, y otros sucesos milagrosos, como la lluvia de flores azules de upali. Sabía que su hijo no era un príncipe corriente y le concedió su permiso sin vacilación. Más tarde, su padre también cedió a sus deseos. Chandragarbha volvió al lado de Avadhutipa y durante siete años recibió instrucciones sobre el mantra secreto. Adquirió tantos conocimientos que un día, enorgullecido, pensó: «Probablemente sea la persona que más sabe del mantra secreto en todo el mundo». Pero esa misma noche se le aparecieron en sueños varias Dakinis y le mostraron unas valiosas escrituras que nunca había visto antes. Las Dakinis le preguntaron: «¿Cuál es el significado de estas escrituras?». Chandragarbha no supo qué contestar y al despertarse a la mañana siguiente su orgullo había desaparecido. Más tarde, Chandragarbha pensó que debía seguir el ejemplo de Avadhutipa y esforzarse en alcanzar la iluminación con rapidez practicando el Mahamudra como laico con la ayuda de una consorte, pero tuvo una visión de Heruka en la que le dijo que si se ordenaba monje, podría ayudar a innumerables seres sintientes y difundir el Dharma por todas partes. Esa misma noche soñó que seguía una procesión de monjes en presencia de Buda Shakyamuni y que este se preguntaba por qué Chandragarbha no se había ordenado aún. Al despertarse decidió hacerse monje.

Recibió la ordenación monástica de Shilarakshita, quien le dio el nombre de Dhipamkara Shriyhana. Dhipamkara Shriyhana recibió extensas instrucciones de su Guía Espiritual Dharmarakshita sobre las Siete clases de fenomenología y el Océano de gran disertación, textos escritos desde el punto de vista de la escuela vaibhashika. De este modo se adiestró en las enseñanzas hinayanas. No contento con sus conocimientos, Dhipamkara Shriyhana se fue a Bodh Gaya para recibir instrucciones más detalladas. En cierta ocasión escuchó una conversación entre dos muchachas que, en realidad, eran emanaciones de Arya Tara. La más joven le preguntó a la mayor: «¿Cuál es el método principal para alcanzar la iluminación con rapidez?», y esta le contestó: «La bodhichita». Al escuchar estas palabras, Dhipamkara Shriyhana decidió cultivar esta preciosa mente. Más tarde, mientras daba vueltas alrededor de la gran estupa de Bodh Gaya, una estatua de Buda Shakyamuni le habló diciendo: «Si deseas alcanzar la iluminación con rapidez, has de lograr experiencia de la compasión, el amor y la preciosa bodhichita». Entonces, su deseo de realizar la bodhichita se intensificó. Se enteró de que el Guía Espiritual Serlingpa, que vivía en un lejano lugar llamado Serling, en Sumatra, había logrado una experiencia muy especial de la mente de bodhichita y que podía enseñarle los Sutras de la perfección de la sabiduría. Dhipamkara Shriyhana navegó durante trece meses hasta llegar a Sumatra. Al encontrarse con Serlingpa le hizo un ofrecimiento del mandala además de varios ruegos y súplicas.

Serlingpa le dijo que necesitaría unos doce años para transmitirle las instrucciones completas. Dhipamkara Shriyhana permaneció durante ese tiempo en Sumatra y, finalmente, alcanzó la preciosa realización de la bodhichita. Después regresó a la India. Bajo la tutela de sus Guías Espirituales, Atisha logró un entendimiento especial tanto de las tres colecciones de las enseñanzas budistas: la colección de la disciplina moral, la de los discursos y la de la sabiduría, como de las cuatro clases de tantra. Además, dominaba con maestría las artes y ciencias de la poesía, la retórica y la astrología, era un médico excelente y tenía gran destreza en la artesanía y la tecnología. Atisha alcanzó también todas las realizaciones de los tres adiestramientos superiores: la disciplina moral superior, la concentración superior y la sabiduría superior. Puesto que todas las etapas del camino del sutra, como las seis perfecciones, los cinco caminos y los diez planos, y todas las etapas del camino del tantra, como las etapas de generación y de consumación, están incluidas en los tres adiestramientos superiores, Atisha alcanzó todas las realizaciones espirituales del camino.

Hay tres clases de disciplina moral superior: la de los votos pratimoksha o de la liberación individual, la de los votos del Bodhisatva y la de los votos tántricos. Los 253 votos de un monje con la ordenación completa pertenecen a los votos pratimoksha. Atisha nunca transgredió ninguno de ellos, lo que demuestra que poseía una poderosa retentiva mental y una perfecta recta conducta. Guardó también de forma pura los votos del Bodhisatva, absteniéndose de cometer las dieciocho caídas raíz y las cuarenta y seis secundarias, y mantuvo con pureza todos sus compromisos tántricos. Los logros de la concentración y la sabiduría superiores se dividen en comunes y extraordinarios. Los comunes son aquellos que alcanzan tanto los practicantes del sutra como los del tantra, mientras que los extraordinarios solo los pueden alcanzar estos últimos. Gracias al adiestramiento en la concentración superior, Atisha logró la realización común de la concentración de la permanencia apacible y, como resultado, adquirió clarividencia, poderes sobrenaturales y las virtudes comunes. También alcanzó concentraciones extraordinarias, como las de las etapas de generación y de consumación del mantra secreto. Adiestrándose en la sabiduría superior logró las realizaciones comunes de la vacuidad y las extraordinarias de la luz clara ejemplar y la luz clara significativa del mantra secreto. Atisha dominaba con maestría tanto las enseñanzas hinayanas como las mahayanas, y era respetado por los maestros de ambas tradiciones. Era como un rey, la joya de la corona de los budistas indios, y se le consideraba como un segundo Buda. Antes de la aparición de Atisha, el trigésimo séptimo rey del Tíbet, Trisong Detsen aproximadamente entre el año setecientos cincueta y cuatro y el año setecientos noventa y siete después de cristo, invitó a Padmasambhava, a Shantarakshita y a otros maestros budistas a que fueran de la India al Tíbet a enseñar el Dharma y gracias a la labor de estos grandes maestros floreció el Dharma puro. Años después, otro rey tibetano llamado Lang Darma aproximadamente en el año ochocientos treinta y seis después de cristo destruyó el Dharma puro en el Tíbet y abolió la Sangha. Hasta entonces, la mayoría de los reyes habían sido religiosos, pero durante el reinado del malvado Lang Darma, el Tíbet sufrió un período de oscuridad espiritual. Unos setenta años después de su muerte, el Dharma comenzó a florecer de nuevo en el norte del Tíbet gracias a los esfuerzos de grandes maestros, como el traductor Rinchen Zsangpo, y en el sur gracias a la labor de un gran lama llamado Gongpa Rabsel. Poco a poco, el Dharma fue difundiéndose también por el centro del país. En aquella época no se sabía practicar correctamente la unión del sutra y el tantra.

Se pensaba que estas dos prácticas eran contradictorias, como el agua y el fuego. Cuando los practicantes se adiestraban en el sutra, abandonaban el tantra, y cuando se adiestraban en el tantra, abandonaban el sutra, incluso las reglas del vinaya. De la India llegaron falsos gurus que lo único que buscaban era el oro que abundaba en el Tíbet. Fingiendo ser Guías Espirituales y grandes yoguis introdujeron artes perversas, como la magia negra, la creación de apariciones, prácticas sexuales y el asesinato por medio de rituales, que se extendieron por todo el país. Un rey llamado Yeshe O y su sobrino Yhangchub O, que vivían en Ngari, en el Tíbet occidental, estaban muy preocupados por lo que ocurría en su país. El rey se lamentaba al pensar en la pureza del Dharma que se había practicado en el pasado comparado con el Dharma impuro que prevalecía en ese momento. Se entristecía al comprobar lo rudas e incontroladas que se habían vuelto las gentes de su pueblo. Pensó: ¡Qué maravilloso sería si el Dharma puro volviera a florecer en el Tíbet y las mentes de sus habitantes fueran subyugadas! Para cumplir su deseo, envió a varios tibetanos a la India para que aprendieran el sánscrito y se adiestrasen en el Dharma. Muchos de ellos no sobrevivieron al clima tan caluroso de ese país, pero los pocos que lo consiguieron aprendieron el sánscrito y se adiestraron correctamente en el Dharma. Entre ellos se encontraba el traductor Rinchen Zsangpo, que recibió numerosas instrucciones y después regresó al Tíbet. Como aquel plan no había tenido el éxito esperado, Yeshe O decidió invitar a un auténtico maestro de la India. Para ello, envió a un grupo de tibetanos a aquel país con una gran cantidad de oro y la misión de encontrar al Guía Espiritual más cualificado de la India. Además, les aconsejó que estudiaran el Dharma y aprendieran el sánscrito a la perfección. A fin de conseguir sus objetivos, estos tibetanos tuvieron que soportar las asperezas del clima y las dificultades del viaje. Algunos de ellos llegaron a ser famosos traductores, tradujeron numerosas escrituras y se las enviaron al rey, que las recibió muy complacido. Cuando volvieron al Tíbet le dijeron a Yeshe O:

«En la India hay muchos maestros budistas eruditos, pero el más distinguido y sublime es Dhipamkara Shriyhana. Nos gustaría poder invitarlo al Tíbet, pero en la India tiene miles de discípulos».

Al oír el nombre Dhipamkara Shriyhana, Yeshe O se llenó de alegría y decidió invitar a aquel gran maestro al Tíbet. Puesto que se había gastado casi todo el oro que poseía y necesitaba más para poder invitar a Dhipamkara Shriyhana, el rey organizó una expedición en busca del preciado metal. Al llegar a una de las fronteras de su reino, un rey hostil no budista lo apresó y lo encerró en la cárcel. Cuando las noticias de lo sucedido llegaron a oídos de su sobrino Yhangchub O, este pensó: «Soy lo suficientemente poderoso como para luchar contra este rey, pero si le declaro la guerra, mucha gente sufrirá y tendré que cometer muchas acciones perjudiciales». Decidió apelar al rey para que dejara a su tío en libertad, pero el rey contestó: «Solo liberaré a tu tío si te conviertes en mi vasallo o me traes su peso en oro». Con grandes dificultades, Yhangchub O consiguió reunir tanto oro como el peso de su tío excepto la cabeza. Puesto que el rey exigía el resto del tributo, Yhangchub O hizo los preparativos para salir en busca de más oro, pero antes de emprender el viaje fue a visitar a su tío. Encontró a Yeshe O físicamente débil, pero con buen estado de ánimo. Através de los barrotes de la celda le dijo: «Pronto estarás libre porque he conseguido casi todo el oro». Yeshe O contestó: «Por favor, no me trates como si fuera una persona importante.

No le des el oro a este depravado rey. Envíalo a la India y ofréceselo a Dhipamkara Shriyhana. Este es mi mayor deseo. Con mucho gusto ofrezco mi vida a cambio de que el Dharma puro se restablezca en el Tíbet. Por favor, envía este mensaje a Dhipamkara Shriyhana. Dile que he sacrificado mi vida para poder invitarlo al Tíbet. Movido por su compasión hacia los tibetanos, al escuchar mi mensaje aceptará nuestra invitación». Yhangchub O envió al traductor Nagtso y a otros compañeros con el oro a la India. Cuando encontraron a Dhipamkara Shriyhana, le contaron lo que estaba ocurriendo en el Tíbet y le anunciaron que deseaban invitar a un Guía Espiritual de la India. Le dijeron que traían gran cantidad de oro como ofrenda del rey y que muchos tibetanos habían muerto con el objetivo de restablecer el Dharma puro. También le relataron cómo Yeshe O había sacrificado su vida para poder invitarlo al Tíbet.

Después de haber escuchado sus ruegos, Dhipamkara Shriyhana reflexionó detenidamente y aceptó su invitación. Aunque tenía muchos discípulos en la India y trabajaba sin descanso en ese país para difundir el Dharma, sabía que en el Tíbet no existía una doctrina pura. Además, recibió una predicción de Arya Tara que decía que si se marchaba al Tíbet, beneficiaría a innumerables seres sintientes. Su corazón se llenó de compasión al pensar en todos los tibetanos que habían muerto en la India y, en particular, se quedó muy conmovido por el sacrificio de Yeshe O. Dhipamkara Shriyhana tuvo que hacer el viaje al Tíbet en secreto porque si sus discípulos en la India lo hubieran sabido, se lo habrían impedido. Les dijo que se iba de peregrinaje al Nepal, pero desde allí se desplazó al Tíbet. Cuando sus discípulos indios se dieron cuenta de que no iba a volver, se quejaron diciendo que los tibetanos eran unos ladrones que les habían robado a su Guía Espiritual. Puesto que en aquellos tiempos se tenía la costumbre, que todavía existe, de recibir con honores a los invitados distinguidos, Yhangchub O envió a la frontera a un séquito de trescientos hombres a caballo, muchos de ellos eminentes tibetanos, para que le dieran la bienvenida y le ofrecieran un caballo a fin de facilitarle el difícil viaje hasta Ngari. Atisha cabalgaba en el centro de los trescientos jinetes y gracias a sus poderes sobrenaturales iba sentado a la altura de un codo por encima del caballo. Al verlo montar de este modo, los escépticos generaron fe sincera en él y todos decían que el segundo Buda había llegado al Tíbet. Cuando Atisha llegó a Ngari, Yhangchub O le suplicó: «¡Oh, compasivo Atisha!, por favor, imparte instrucciones que ayuden al pueblo tibetano. Danos consejos que todos podamos seguir. Imparte enseñanzas especiales para que aprendamos a practicar en unión todos los caminos del Sutra y el tantra».

Para satisfacer sus deseos, Atisha compuso y enseñó el texto La lámpara del camino hacia la iluminación, el primer texto escrito de las etapas del camino, el Lamrim. Dio estas enseñanzas por primera vez en Ngari y más tarde en la parte central del Tíbet. Muchos de los discípulos que las escucharon adquirieron gran sabiduría.

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